25 oct. 2013

Reflexiones de un poeta ante el asesinato de los curas de Roldanillo.

Esta carta fue publicada  el 01 de octubre en el Blog "Territorios ciertos" y reproducida en el sitio Roldanillo al día.. A nuestro parecer  no tuvo suficiente difusión y análisis  en  Roldanillo,  y por eso se  reproduce  ahora en en este Blog.


-Carta Abierta  a la comunidad de  Roldanillo.


Roldanillo acaba de vivir quizás la tragedia más desgarradora de los últimos 20 años.  Fueron asesinados sin piedad con arma blanca el párroco de la iglesia principal de Roldanillo, Luis Bernardo Echeverry y su asistente el recién ordenado padre Héctor Fabio Cabrera. Como en los funerales de Omar Rayo hace tres años, el pueblo entero se unió para expresar su dolor, su condolencia y su agradecimiento por la labor de personas que dedicaron sus vidas a este municipio antiguo y bello, moderno y progresista. Los roldanillenses hicieron evidentes su indignación y su rechazo del acto atroz que segó las vidas de los sacerdotes. Al darse cuenta del asesinato, les exigieron y siguen exigiendo con toda la razón, una reacción más eficaz de las autoridades. 

Se guardaron tres días de duelo durante los que se llevaron a cabo todos los rituales tradicionales y personales de casi todos nosotros católicos, cristianos, mormones, ateos, agnósticos y otros. Los negocios cerraron y se colgaron banderas, moños y banderines morados y blancos en las ventanas. Las banderas de las instituciones ondearon a media asta, las personas se vistieron de blanco y negro  y sus rostros mostraban las huellas de las lágrimas y el desvelo.  Acudieron arzobispos, obispos y prelados de toda la región y autoridades de toda Colombia para acompañar a Roldanillo en su dolor.  Cuando murió mi esposo hace tres años, sentí lo que creo que sintieron las familias de los dos padres, una ola de simpatía y de comprensión que emanaba de todas las miles de personas que  las acompañaron en los tres días de luto. Esta reacción proviene del corazón mismo de esta pequeña ciudad que es un microcosmos de nuestro país tan complejo y contradictorio, tan único y tan parecido a otros en este hemisferio. Aquí conviven los problemas y dilemas de la modernidad, antiguos conflictos arraigados en estructuras de poder imperfectos con constantes esfuerzos individuales y colectivos por superarlos y curar las heridas sociales. Tanto en Colombia como en Roldanillo, hay unas reservas de recursos humanos--talentos, inteligencias, creatividades, una imaginación sin límites que contrarrestan constantemente lo que se pueden llamar las fuerzas del mal. 

Quiero en este momento dirigirme a todas las personas cercanas que me han expresado un sentimiento de pena o de vergüenza porque esta atrocidad ocurrió en Roldanillo y una preocupación por la imagen del municipio en los medios. Roldanillo es Colombia, como también lo son Aracataca,  Bogotá, Cali, Barrancabermeja, Bolombolo.  Cada uno de estos sitios vive las violencias y tragedias que viven los otros lugares de esta tierra.  Roldanillo tiene mayor visibilidad debido más a su imagen de centro cultural, cuna de artistas y poetas que a los conflictos endémicos del Norte del Valle. Por consiguiente y por contraste, un hecho terrible como el que acaba de ocurrir, parece aún más horrorífico, amenazando con borrar todo lo que se ha construído desde la inauguración del Museo Rayo en 1981. A mis amigos les puedo decir, por qué he elegido vivir aquí y hacerme cargo del legado de Omar Rayo a conciencia de los peligros, las amenazas, las dificultades, los obstáculos que enfrentó también Omar Rayo, que no se puede borrar lo construido como sí se borra lo destruido. Vivo aquí en un paisaje único de una hermosura luminosa y deslumbrante, de vegetación alucinante, flores y árboles cuyos nombres enriquecen el idioma, entre personas apasionadas y apasionantes que transforman la lengua de mi padre en un nuevo mundo de consonancias. Amo esta ciudad pero no la amo ciegamente. Me duele lo ocurrido, el olor a sangre y odio, pero, como soy poeta, tengo fe en la vida y en los seres humanos.

Se dice (porque aquí ocurre como en Crónica de una muerte anunciada de García Márquez, que los vecinos saben más que las autoridades y se transmiten las últimas noticias de manera telepática de comadre en comadre, de compadre en compadre), que los asesinos eran jóvenes. Llora una porque cree que jugó con este o el otro cuando eran niños.  Se habla de la pérdida de valores, de que las cosas han cambiado para mal, así como hablaba Sócrates en los diálogos de Platón de las juventudes atenienses.   Se sabe que el motivo fue el robo, que fueron dos los agresores. Se cree que eran drogadictos. No se habla de carteles, de Bacrim ni de guerillas ni de paras, se habla de un crimen personal por un motivo tan antiguo como la civilización. Me consta que para aquellos dos jóvenes inmisericordes que ahora están tan destruidos en vida  como lo están sus víctimas muertos hay otros muchos que son artistas, músicos, bailarines, escritores, poetas. Son rebeldes o conformes, tatuados o limpios, contestatarios o líricos, inteligentes, sensibles. Jóvenes que esperan, que se transforman, que interrogan, que cuestionan, que buscan. Los vemos en los talleres, las exposiciones, las funciones de teatro del Museo.  Están aquí, en Roldanillo, variopintos y entrañables con sus peinados ultramodernos y alternativos. Son el futuro y la esperanza de todos nosotros. Lo son también las pequeñas bailarinas de nuestros talleres de ballet que nos proporciona Incolballet.  Aparecen en trusas y tutús los viernes y los sábados soñando con el lago de los cisnes.  Las mayores son elevadas  en brazos de unos jóvenes de municipios aledaños que se sumaron a esta propuesta nuestra. Jóvenes vitales como alguna vez lo fueron los dos asesinos.

Quiero también hablar de los dos padres que murieron y que son héroes para la mayoría de los roldanillenses como lo es también el legendario Omar Rayo.  El padre Echeverry volvió a Roldanillo, donde fue por primera vez párroco en los años 70s, porque quería que la última parroquia que pastoreara antes de su jubilación fuera esta ciudad donde quería vivir después de ella.  El entonces joven párroco participó en las  actividades pro construcción Museo Rayo y nos ayudó desde su púlpito.  Es recordado por los trabajadores en la construcción de nuestra institución como un ser sencillo y amable que conversaba con ellos. Quizás se inspiró en nosotros para construir las capillas que dejó en cada uno de los municipios donde ejerció su sacerdocio.  Algunas de las platas para una nueva capilla aquí en Roldanillo pueden haber sido el blanco de los ladrones. Yo lo recuerdo en los banquetes pro museo.  Era muy admirado por las Señoras Voluntarias  quienes frecuentemente lo invitaban a almuerzos y otras reuniones donde el gozaba de la comida y la bebida y conversaba sobre este mundo y el otro.  Uno de sus últimos actos en pro de nuestro Museo fue la compra de un bono de 500.000 pesos para nuestra campaña pro Sala de Lectura Infantil hace un par de semanas.  El Padre Cabrera, me pidió una vez un almanaque con obras de Rayo para decorar alguno de sus proyectos.  Me arrepiento de no habérselo regalado ya que cuando murió tenía sólo 27 años y  demostró muchas veces que le interesaba el arte y nuestro Museo .

 Como soy de otra parte del mundo donde he visto de lejos y de cerca atrocidades y magnicidios terribles y como he decidido quedarme aquí luchando por la causa del arte en el Museo Rayo, puedo asegurarles a mis amigos, quienes por buenos y conscientes están avergonzados por su ciudad, que ellos mismos son la prueba de que Roldanillo no es el asesino.  La vida crece y da sus heliconias y sus samanes bajo los que seguimos amando y soñando.


AGUEDA PIZARRO RAYO
Directora
Museo Rayo

Roldanillo




Tomado de :