22 abr. 2014

Un roldanillense en la obra de García Márquez

 En la época de la  terrible violencia partidista  que  incendió a Colombia,  el norte del Valle fue el  escenario donde   operó  "Lamparilla", uno de los más temibles "pájaros" que azotó la región y que  según cuentan era roldanillense. La noticia de su asesinato le motivó al novel  escritor Gabriel García Márquez  una  pequeña ficción


Elegía para un bandolero. 
En la madrugada del último sábado - quizá cuando ya la trompeta del arcángel había dado el toque de queda - alguien golpeó a las puertas del Infierno. El portero de turno - vestido con un pijama de fuego - se apresuró a atender al trasnochado visitante y vio a un hombre joven, rubio, nervioso, con la dentadura montada en oro legítimo y los huesos montados en plomo de grueso calibre. Tal vez no dijo una palabra el recién llegado. Tal vez se quedó silencioso, jadeante, parado en el umbral eterno, aguardando la voz que le ordenase entrar. Sin embargo, debió pasar un siglo antes de que el portero, todavía con las imágenes del último sueño pegadas a los párpados y todavía sin reconocer al visitante, diera la orden de pasar adelante, de acuerdo con las más elementales normas de la cortesía infernal. Una vez adentro, el huésped desocupó sus bolsillos y colocó el contenido de ellos en la mesa de nogal que debe de haber en la sala de recibo del Infierno. Dos revólveres, ochenta cartuchos, setecientos pesos en efectivo y dos escapularios fue lo que alcanzó a distinguir el portero, medio asombrado, medio confundido y con el libro de actas abierto y listo para llenar los requisitos del registro civil. ¿El nombre del recién llegado? Marco Tulio Triana, alias "Lamparilla". ¿Torero? No. Bandolero de profesión y criminal; por más señas. ¿Causas de la muerte? Muerte natural. ¿Natural? (el portero hizo un gesto que era a la vez de duda y de sospecha). ¿Por qué decía el visitante que había fallecido de muerte natural cuando tenía el cuerpo cosido de proyectiles? "Lamparilla", eterno ya, transfigurado por el escabroso viaje metafísico, hizo la aclaración: "Para un hombre como yo, ocho proyectiles después de una reyerta es muerte natural, la más natural de todas las muertes. Una pulmonía o un ataque de apendicitis habría sido un epílogo artificial, completamente falso para un bandolero con dignidad".
Mientras tanto, en Toro, tranquilo pueblecito del Valle del Cauca, el cuerpo ametrallado de "Lamparilla" reposaba, quieto y glacial, en un salón de baile, rodeado de mujeres patéticas y de hombres turbios, oscurecidos. Su entierro sería una nutrida procesión de curiosos.
Adelante, donde los entierros burgueses llevan los ciriales, irían los tres ladrones más connotados de la región, presidiendo el cortejo en mitad del cual, y en hombros de sus amigos, iría el cuerpo reventado del muerto que permaneció toda la noche en cámara ardiente en la inspección de policía. Dará la impresión, cuando pase el cortejo, de que el ataúd se lleva todo el espanto, todo el desasosiego nocturno, todas las pesadillas de la comarca. Se le verá doblar la última esquina del pueblo al ataúd ladeado, alto, primitivo - en medio de un silencio casi sólido, casi concreto, que podría preceder a un grito de mujer.
Sin embargo, en el Infierno hay una especie de revolución. En medio de los revólveres, los cartuchos, los setecientos pesos robados y la historia desapacible, has dos escapularios y una palabra de arrepentimiento a última hora. Tal vez la historia no pasara de allí. Tal vez no se había llegado a una conclusión definitiva en el juicio final, cuando el sepulturero echó la primera palada de tierra y una mujer empezó a sollozar por detrás de un dolor barato, inconsistente. Eso fue todo, antes de que el portero infernal, trasnochado y confundido, dijera al visitante, ocho siglos después de haber tocado a la puerta: "El caso sería sencillísimo, si no fuera por los escapularios".

Gabriel García Márquez


 Tomado  del libro "Textos costeños"  Obra periodística 1948-1952 


20 abr. 2014

GABO Y EL INFIERNO DE LA CONGRESISTA CABAL

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20 de abril de 2014
Respetada congresista María Fernanda Cabal:

Qué violenta fue usted al escupir sobre el cadáver de Gabriel García Márquez. 

Todavía me pregunto qué clase de ponzoña tiene usted en el corazón para haberle deseado el infierno a ese señor muy viejo con las alas enormes que acababa de morir, un colombiano de bien que jamás asesinó, ni robó, ni estafó, ni tuvo una sola mancha en su larga vida pública. 

Me pregunto, además, cómo puede una congresista de la República comportarse como cualquier matoncito de plaza de mercado. ¿A qué escuela fue usted, que aprendió tan bien el alfabeto del odio y tan mal el de la ortografía? Porque su sintaxis, su uso de los signos gramaticales y su masacre contra las tildes son tan alarmantes como su posición extremista.

Se puede disentir de las ideas políticas de García Márquez, ni más faltaba. Pero desearle el infierno a las pocas horas de haber muerto, solo porque pensaba distinto, es un acto que revela una enorme carga de agresividad y de fanatismo. 

Eso sí: yo no la culpo a usted sola: un país que elige congresistas como usted se merece su suerte. 

En sus tuits incendiarios usted definió a García Márquez como "comunista millonario", y lo acusó de ser indiferente con Colombia.

Ay, señora congresista: necesitamos más gente de la que se vuelve millonaria con su trabajo honrado, y menos de la que se enriquece saqueando las arcas públicas. Usted, que es política, seguramente sabe muy bien de qué le hablo, y hasta conocerá a más de uno que se ha vuelto rico por esa vía. 

Quienes deben solucionar los problemas de los pueblos son los políticos, pero en nuestro país se dedican a lo contrario: a crearlos. Y a veces llegan más lejos, señora congresista: se vuelven cómplices de quienes asesinan civiles. Montones de colegas suyos se aliaron con los paramilitares para perpetrar masacres.

En el gobierno de su jefe político, Álvaro Uribe Vélez, Colombia vivió un capítulo de horror e ignominia: miles de inocentes fueron asesinados para hacerlos aparecer como guerrilleros ultimados en combate. 

¿Por qué usted, señora congresista, pretende criminalizar las ideas políticas de un escritor pero no dice nada sobre los verdaderos criminales? 

Leyendo sus frases destempladas se me vino a la memoria el perfil que el periodista Gay Talese escribió sobre el actor irlandés Peter O"Toole, quien, al igual que García Márquez, vivió mucho tiempo fuera de su país. 

Hay un momento en que O"Toole, para explicar su desarraigo, compara a Irlanda con una cerda desnaturalizada que se come a sus propios hijos. Es preciso alejarse para salvar el pellejo, y por eso, según O"Toole, el único destino posible para la inteligencia es el exilio. 

Colombia también es esa cerda cruel que se come a sus propios críos. Y lo es, en parte, gracias a la gente como usted, que anda por ahí deseándoles el infierno a quienes no comparten su credo.

En Colombia circula este cuento: un pescador tenía tres langostas en un balde. Una de las tres estaba a punto de llegar al borde del balde, y así podría escaparse. Pero el pescador lucía tranquilo, y a un gringo que estaba cerca mirando la escena le intrigaba eso.

-- Esa langosta va a escaparse -- dijo el gringo--. 

Qué va, míster -- le respondió el pescador --: son langostas colombianas. Cuando alguna quiera escaparse las otras dos la jalarán otra vez hasta el fondo del balde.

En Colombia hay más oportunidades para los clientelistas que para los artistas, y cuando alguno se aleja de la cerda para poder sobrevivir, usted quiere devolverlo otra vez hasta el fondo del balde.

El escritor al que usted define como "indiferente con Colombia", nos ayudó a entendernos, a celebrarnos, y nos regaló una obra portentosa que habrá de servirles a las futuras generaciones como memoria. Eso a usted seguramente le parece poco, pues pertenece a la vasta legión de bárbaros que creen que aportar significa regalar cosas tangibles, como esas bolsas de cemento que ciertos políticos inescrupulosos les entregan a los ignorantes a cambio de sus votos.

Los escritores no son estadistas, señora Cabal, y por tanto no están obligados a resolver los problemas que viven los países por repetir sus errores históricos. Su aporte consiste en iluminarnos. Por ejemplo, revelándonos cómo los políticos mediocres e intolerantes como usted han impedido que tengamos una segunda oportunidad sobre la tierra.

Tomado de : http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/G/gabo_y_el_infierno_de_la_congresista_cabal/gabo_y_el_infierno_de_la_congresista_cabal.asp

12 abr. 2014

Vuelve el taller de lectura y creación poética, dirigido por Marga López Días. Taller ALUNA

Taller ALUNA

Vuelve a sesionar en Roldanillo, el de lectura y creación poética, bajo la dirección de la poeta Marga López Días,  de La Ceja , Antioquia. La actividad se desarrollará en las intalaciones del Museo Rayo entre los domingos  13 y 20 de abril en el marco de la Semana Santa.   Mayores informes 229 8623
El  Taller  tendrá una  jornada de extensión  el día sábado 19 , cuando se desplazarán hasta Bugalagrande,  para sesionar en  la sede de la Fundación LA OTRA ESQUINA
  




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